lunes, 31 de diciembre de 2018

Siguen bastos

Se despertó en la misma cama del mismo cuarto. Dudaba.
Miró por la ventana algo extrañado. Su barrio le pareció más o menos el de siempre. «¿Sería posible?»
Miró el almanaque pegado al refrigerador y sonrió aliviado: «Primero de enero de 2019.»
Al asomarse al espejo se palpó la cara con nerviosa incredulidad.
—¡Mierda, mierda!
Seguía siendo el mismo zopenco del año pasado.








sábado, 29 de diciembre de 2018

Tarde de perros

Cada otoño es diferente pero todos me recuerdan a aquel otoño.
Éramos jóvenes, nos guiábamos más por el olfato que otra cosa. Así enseguida te encontré, con tu pelo rojizo algo desgreñado, en la puerta de la carnicería. Ibas al mercado para soñar con sus deliciosas mercancías, inalcanzables para los de nuestra clase.

—¿Tenés algo que hacer?
—Ahora que viniste no —dijiste pícara.
—Vamos a la plaza, hay feria de comidas. En una de esas nos dan algo.

Por el camino, marcamos un árbol con nuestros nombres y saludamos al flaco Fido que presumía una cadena dorada con su nombre.

En la plaza, fue llegar y oler: hamburguesas, panchos, chorizos...nos daban ganas de aullar de gusto.
Nos acercamos a un puesto de choris con nuestra ensayada cara de lástima, orientando la cabeza hacia el humo. Cada vez más cerca, más cerquita.

Todo sucedió en un segundo. El vendedor quiso alejarte de una patada. Vos aprovecháste para robarle un chorizo y correr. A cruzar la maldita avenida. ¡No! Todavía huelo la goma quemada de las llantas del camión. Ahí quedó tu cuerpo, desangelado; y mi desesperación y la gente alrededor, solo por un rato. 

¡Basta!, ya es suficiente.
Soy Ricardo, escribo esto desde el taller literario de la cárcel. El otoño siempre me recuerda a Gaby.



Mala costumbre

El chofer del colectivo me mira por un instante.
¡No! Soy yo quien me miro a mi mismo subiendo al colectivo. Y pienso: —Vengo con el horario atrasado y este mequetrefe cómo tarda en subir...
Asustado, me apuro y me encuentro de frente con la mirada flamígera de un bebé que va en brazos.

¡No! Soy yo mirándome desde los ojos del bebé y siento miedo de caerme y me embriago del aroma del pecho de mamá.
Una mujer mayor con uniforme de limpieza contempla mi evidente turbación.

¡No! Yo me veo desde la señora en el piso y siento dolor en las manos y cansancio en el alma.
Cada vez más confundido, llego al último asiento, a sentarme junto a un borracho mal entrazado que me observa como ausente.

¡No! Yo me observo a mi mismo con la mirada empañada y siento la náusea que anida en la boca de mi estómago.
Aterrado, prometo dejar de escribir historias en el colectivo.



viernes, 28 de diciembre de 2018

28 de diciembre

Apenas subir al colectivo noto algo extraño: Las mujeres que viajan son todas feas. Todas. No de una fealdad extrema, simplemente feas, fuleras, como decimos por acá.
Hace un tiempo, una amiga colombiana, al ver una foto mía viajando en un colectivo lleno, me pregunto si todas las chicas de Buenos Aires eran tan lindas, recordé.
¿Sigo en Buenos Aires? ¿Acaso las mujeres cambiaron?
Debo bajar de inmediato de este colectivo atestado de feas.
Toco el timbre y el colectivero no abre la puerta.
Miró por el espejo para reclamarle y... horror. Yo también soy feo.





lunes, 24 de diciembre de 2018

Cinco minutitos más

«¿Y si hoy no me levanto?» piensa ya despierto, orejeando el día a través de la persiana todavía oscura. «¿Y si no vuelvo más?»
 

Imagina los camiones sin descargar, el capataz recaliente llamando en vano a su casa. Se sonrie entre las sábanas: «¡Andate a la puta que te parió, vigilante!».
 

«¿Y después qué?» Levantarse bien tarde y bañarse con agua fría. Unos mates y derechito al transporte, a buscar un camionero que lo lleve hasta Catamarca.

Llegaría el 25 a la tarde. Todavía le podría decir a su viejita: «¡Feliz navidad, mama!»

La tos del pibe le llega desde la otra punta de la pieza como un tirón de orejas.

«Mejor me levanto. Si ya me desvelé. A ver si el forro del capataz empieza a llamar y me lo despierta al changuito.»



jueves, 20 de diciembre de 2018

Martha Reagan

—Has cambiado, Ronald.
—Así nací, Nancy, ¡nazi! No, sería mejor… ¡Nazi, Nancy!, así nací...no no; a ver... ¡Sí, Nancy, nací nazi! —
Y haciéndose visera pregunta a los reflectrores—. Quentin, ¿qué posibilidades hay de cambiar el nombre de la primera dama para la película?




miércoles, 19 de diciembre de 2018

El ciego

Pidió a un viandante que le ayudara a cruzar la avenida. 
En mitad del cruce, sintió el golpe y un tirón en el brazo que casi lo hizo caer.
El ayudante y su bonito celular terminaron debajo del Expreso Caraza.



martes, 18 de diciembre de 2018

Corte marcial

—...al recobrar el conocimiento estaba desnudo, mi armadura había desaparecido.
La cresta del general Grasúcilo comenzó a emitir un pitido intermitente.

—Soldado 3423, este tribunal no admitirá mentiras. ¡Que pase la testigo!
Una Grasúcila mucho más robusta que cualquiera de los presentes accedió al recinto. El suelo tembló bajo sus cascos.
—34, cariño, lo saben todo.
—La testigo diríjase al tribunal. Repita lo sucedido para el registro.
—Me encaminaba al río, entonces 34 dio la voz de alto. Se acercó y comenzó la revisión de rutina, una de mis glándulas de feromona hizo contacto con su cresta y estalló. La reacción fue inmediata e instintiva. Nos desvestimos y comenzamos el rito de reproducción en el agua. Luego, esa cosa nos tomó por sorpresa.. Corrió desnudo, encendió la armadura y se la llevó.
—¿Un humano vivo? Inadmisible, es como si me dijera que fueron robados por una Glumboryeta. ¿Quiere explicarnos su proceder, soldado?
3423 contestó, ahora su cresta lucía gris y alicaída.
—Señor, mi intención era engendrar soldados, para engrosar las filas del ejército, Señor.
Al atardecer, dictaron sentencia.
—El tribunal considera las acciones del soldado 3423 como una falta grave y recomienda la pena máxima. Será degradado, con imposibilidad absoluta de batirse en combate y destinado al satélite reproductorio junto a la testigo.Se les suministrará todo lo necesario para la labor de procreación, a la que se dedicarán, de ahora en adelante. Soldado, espero que su cresta esté a la altura...


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lunes, 17 de diciembre de 2018

American psycho

¿Alguna vez tuvieron la sensación de estar en una película?
Me refiero a cuando, en la vida real, se da una situación tan cinematográfica que desconcierta.
Una pareja despidiéndose en el aeropuerto, un atardecer demasiado perfecto, una embarazada que se pone de parto en el ómnibus. A veces pasa…
Esta es una noche de otoño. Llovizna. El parque esta desierto.
Mis pasos resuenan sobre el cemento mojado. Igual que en un thriller.
Cada veinte metros hay una farola, su luz amortiguada por un halo de bruma. Ladran unos perros a lo lejos. Es una tontería, pero sonrío a una cámara imaginaria.
Aparece en el cuadro una chica que camina algo asustada. Lleva el pelo recogido y un bolso. Su fino cuello tiembla un poco. Aunque no tengo intención de hacerle daño, esta escena pide a gritos un asesinato violento.
Apuro el paso, los faldones de mi impermeable suenan con el viento. Ya estoy detrás de ella. Solo tengo que girarla y ver el terror plasmado en su cara..
Siento el cuchillo hundiéndose en la carne, la sangre tibia empapándome la camisa. Me desvanezco gimiendo de agonía. Yo tampoco esperaba este giro final en el guión.


domingo, 16 de diciembre de 2018

Zupvelyan Food

—¿Hay más? —preguntó el insectoide lamiéndose las pinzas—. Nunca probé un platillo más exquisito.
—Puedo cocinar cosas mil veces mejores —respondió orgulloso el cocinero—. He sido el chef más importante del sistema Khrolnaga. Cociné para soberanos, dignatarios y hasta
deidades antes de caer en desgracia.
En su paseo, el humilde puesto de comida Zupvelyana atrajo la atención del insectoide, siempre hambriento. Intuyó que conseguiría allí, algo diferente a los horribles entremeses de Qornk. Aceptó feliz la recomendación del cocinero: Glumboryetas rellenas en salsa de fhrizyxukas.
—¿Y cómo ha terminado en este rincón olvidado de la galaxia? —zumbó, masticando una Glumboryeta.
—Una desgracia; ocurrió hace mucho tiempo. Voy a contártelo para sacarlo de mi cabeza. —Sus orejas humeaban de tristeza—. Debía cocinar para la familia imperial, una oportunidad única. Yo sabía que ellos gustaban de un plato especial. Se deleitaban saboreando las complejas ondas cerebrales que emitía cierto animal servido vivo.
En cambio, les preparé una excelente combinación simbiótica múltiple que, esperaba, causara un efecto similar. El caso es que no les gustó para nada. La emperatriz sufrió una extraña alergia y feneció poco después. Para mí, significaba el exilio o la muerte.
—Mala decisión. Debiste ir a lo seguro.—Es que no pude conseguir el ingrediente principal, Envié un cazador a buscar el
último ejemplar, nunca volvió. Desde que la factoría donde los clonaban explotó, los humanos están virtualmente extintos.




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sábado, 15 de diciembre de 2018

Manila

—¿Y Santa Claus sí le lleva regalos a los demás chicos?
—Ellos me lo dicen para fastidiarme. Se los compran sus padres, porque venden shabú y tienen dinero. A ninguno de mis amigos del barangay les ha traído nada. Santa Claus no existe.
—¿Por qué dices eso?
—Todos lo vimos muerto, en la avenida Arnaiz. Estaba tirado boca abajo, rodeado de policías. Tenía un tiro en la nuca.
—¿Los policías lo mataron?
—Quiso entrar a una casa por la ventana, eso me dijo la tía Playmo.
—¿Quién?
— La señora del orfanato. Le decimos así porque su pelo parece el de los muñequitos.



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viernes, 14 de diciembre de 2018

Vida eterna

El auto gira por el aire en cámara lenta. Mi cuerpo rebota con parsimonia en su interior. Sufro. El tiempo no se ha detenido, en cambio, se estira como un chicle caliente. 
Contemplo atónito los absurdos detalles a mi alrededor. Las esquirlas de vidrio bailan ante mis ojos. Las heridas se abren por todo mi cuerpo como rojos capullos en constante florecer. Los hierros se van curvando y retorciendo. El dolor se intensifica hasta el paroxismo cuando asoma la punta de un hueso astillado. Luego más dolor.
El instante se extiende hasta el infinito, cada vez más lento. Con horror, descubro que estoy atrapado en una agonía perpetua, de la cual me es imposible escapar. El infierno perfecto, la muerte sin final. La vida eterna.



miércoles, 12 de diciembre de 2018

Raro II

El tipo sentado frente a mi en el colectivo, exhibe sin ningún tapujo una horrible verruga en su cuello. Trato de no mirarla pero no puedo sustraerme, es poderosa.
Su forma indefinida (verrugoide) me altera. Es de un color rosa desvaído, parece un chicle masticado.
Me distraigo viendo por la ventanilla y la verruga ejerce su magnetismo, me grita, altanera, que vuelva a mirarla, que la adore, que escriba una historia sobre ella.
Mi voluntad es firme, no lo haré. No podrá quebrarme.



martes, 11 de diciembre de 2018

Camuflajes

La criatura entró al local buscando información sobre un Grasúcilo. Nunca dijo quién era, pero cualquier parroquiano reconocería a un cazador intergaláctico.
En realidad buscaba al último de los humanos. Según sus datos, usaba una armadura de Grasúcilo adaptada a su pequeño cuerpecito, para despistar a sus perseguidores.
—¿Piensa entregarlo a la justicia? —preguntó un sujeto que comía sobras debajo de las mesas.
—En realidad no lo busca la justicia, es un encargo para el chef inteplanetario del sistema Khrolnaga. Su carne es un manjar mítico, con sus secreciones corporales se preparan numerosas especias...
—Invíteme a comer, hablaremos de negocios —zumbó el hambriento lugareño.
Rato después, la extraña pareja ingresaba sigilosamente al viejo cementerio de astronaves.
—Allí, en aquella Ruxyflok roja, la menos deteriorada. Vaya usted solo, mis glándulas nerviosas nos delatarán.
—Estúpido, los humanos apenas huelen en blanco y negro.
—Aún así, me quedo —comentó el insectoide activando su extraordinario camuflaje y desapareciendo en el acto.
Apenas el cazador puso un pié dentro de la nave supo que algo estaba mal. Doce pares de ojos celestes se encendieron a su alrededor. Ocho feroces vextros-taladro parecieron brotar del suelo. Ignorando gritos y chillidos, desintegraron su cuerpo arrastrando sus huesos bajo la tierra .
El insectoide los espantó fácilmente usando sus glándulas nerviosas. Cuando los guardianes del deshuesadero huyeron, se apropió del chaleco de cuatro brazos y del arma, con todo y municiones. Ataviado de esa extraña forma fue a visitar al capitán. Tenía algo muy gracioso que contarle en la cena.



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lunes, 10 de diciembre de 2018

Mi abuelita VI

—Vuelve a dormir, Corazón, solo fue una pesadilla, no hay nada en ese armario.
—Ábrelo, para que vea, abuelita...
—Ni por todo el oro del mundo.


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viernes, 7 de diciembre de 2018

Siempre llueve en Bogotá

Ojos azules le preguntó qué bus tomar para ir al centro y al rato ya estaban hablando de la ciudad, de la primavera…
Le contó que recién llegaba desde Argentina, que iba al centro, a una importante entrevista de trabajo.
Bogotá es más romántica en un día lluvioso. El doctorcito tuvo que esforzarse bastante para que le acepte su invitación a almorzar pero hasta una chica atractiva como ella se siente sola en una nueva ciudad.
La entrevista fue mal, muy mal. Por eso Ojos azules llegó un rato antes a la cita y ahí estaba el doctorcito, besándose con otra. No pudo reprimir las lágrimas, giró y salió corriendo bajo la lluvia. Nunca vio venir al enorme demonio rojo. El bus le dio en la cabeza con su gran retrovisor.
—¿Te sientes mejor? Le preguntó.
—¿Dónde estoy? Mi cabeza...
—Tuviste un accidente. Te traje al hospital.
—¿Y usted tutea a todos sus pacientes, doctor?
—Claro que no, nos conocimos esta mañana, en el Transmilenio.
—No sea aprovechado ¿quiere?… Si es la primera vez que lo veo. Déjeme ir de alta que tengo una entrevista muy importante en el centro. 
   

jueves, 6 de diciembre de 2018

Santiago de Chile


El fútbol no es vistoso en la José María Caro, ahí pica fuerte la jaiba. ¿Penales? Ahí se define a puñaladas.
Claudio mira al costado de la cancha y piensa «¡Que paja!, venir desde tan lejos y que mis primos no estén en casa. ¿Qué sería peor?» 
El pelotazo furibundo en plena cara contesta su retórica pregunta. Le saltan las lágrimas y los mocos de una nariz que ya no le parece suya.
Un negro gigante de voz aguardentosa le grita:—¡Anda a buscarla, aweonao! —. Y después ya le echa la foca. —¡Corre zombi! ¿o querí' que te saque la chucha?¿no veí' que vamos perdiendo?
A medida que se aleja, el miedo se le convierte en bronca. Bronca por los primos que no están, por el pelotazo, por los insultos. 
Allá levanta el balón embarrado, desde lejos, los jugadores le hacen señas con los brazos y en sus bocas se adivinan más insultos...
Mira a ambos lados. De un lado la cancha, del otro la autopista. Una sonrisa malévola se dibuja en su rostro. Les muestra el dedo mayor enhiesto, gira y patea la pelota al paso fatal de autos y camiones. 
Después, el mundo se reduce a correr por su vida.

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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Milagritos nomás

El renegado gastaba sus últimas horas en el calabozo mirando una chinche subir por la pared, sentado en un desvencijado catre de campaña.
Al poco se percató de una manchita brillante, como una partícula de mica pegada en el adobe del revoque. El punto empezó a crecer, lento, hasta convertirse en un luminoso vórtice que horadaba el muro del calabozo.
El reo se levantó despacio y se acercó con incredulidad. Considerando su inminente fusilamiento, nada empeoraría por lanzarse a lo desconocido. Se adelantó un paso y cruzó el portal.
De inmediato se vio cegado por la luz del sol, escuchando el inconfundible sonido del mar. El viento salado de la libertad le acariciaba la cara. Con el corazón saltándole del pecho, avanzó un paso más y la luz desapareció.
Cuando su vista se acostumbró, se encontró en la celda pero invertida de forma que ahora estaba frente al catre. Sin llegar a comprender, retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared. No había nada ahora.
Desde el corredor llegaron los pasos de los soldados. El pelotón estaba listo, ya lo venían a buscar.


martes, 4 de diciembre de 2018

Ciudad del Este

Ruido, olores fuertes, movimiento, calor.
Calles como espigones donde personas
pescan a otras personas encarnando sus
anzuelos con precio imposible, oportunidad única, milagro. La ciudad nos obliga al contacto físico con la muchedumbre. Todo esta pasando aquí y ahora. Solo por asistir, ya estamos jugando este antiguo juego de gatos y ratones.
Es la continuación de la selva en otra selva.
Mowgli pasa corriendo y grita que han matado a Han Solo, Rumpelstiltnskin vocea elixires mágicos, Arya Stark me ofrece un tibio chipá.



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viernes, 30 de noviembre de 2018

Basura o tesoro

Llegó al mercado Grophwer siguiendo un rumor poco confiable. El capitán maldijo su suerte; la tienda vendía carroña en descomposición. Algunos clientes la consideraban apetitosos manjares mientras otros la usaban como fertilizante.
Al menos no le habían mentido, el diestro dependiente envolvía los paquetes con su trompa, usando auténticas láminas de celulosa, un material residual proveniente de los rincones más antiguos de la galaxia.
Compró una pieza a precio accesible. Cuando el Epyfung sacó papel para envolverlo, el capitán detectó, dos pliegos debajo, lo que había venido a buscar.
Salió apurado por respirar tirando el asqueroso paquete en un callejón. Volvió corriendo a la tienda, algo preocupado. Un writhow de mirada triste se le adelantó y entró a comprar.
Era un riesgo que el writhow se llevara dos artículos y su preciado tesoro.
Esperó, aguantando el hedor, que el cliente se marchara.
Tras el mostrador, ahí, al tope de la pila, estaba el objeto de su deseo. Eligió un trozo de carroña cualquiera y pidió que se lo envolvieran con mucho cuidado,
—¿Prefiere llevarlo embolsado? —gorjeó el vendedor con tono nasal.
Al capitán se le nublo la vista de solo pensarlo.
—Envuelto bastará —replicó.
Salió directamente a la nave. En la sala principal, desarmó con cuidado el paquete y extendió la lámina sobre la mesa.
—¡Glinko! —exclamó.
Se trataba de un retrato auténtico. Una figura ovalada donde un humano, con todo y su casco voladizo, mostraba los dientes. Debajo, tradujo una enigmática frase: “Cada día canta mejor”.




A la deriva

Cuando logra reponerse del shock inicial comprende que debe idear la forma de salir de su situación. La calma es su aliada. Si pudiera encontrar un medio de enviar un mensaje, alguien acudiría a rescatarlo.
¡Lo que daría por tener un trozo de papel seco por pequeño que fuera!
Sentado sobre la tabla oye el rugir del agua embravecida que, en lugar de calmarlo, lo apremia. ¿Lo echará alguien en falta? Piensa en su madre...
Así pasa un tiempo que se le hace eterno, infinito, demencial.
Y cuando por fin decide terminar con todo de la peor manera, de la breve abertura surge una mano trémula, anónima, salvadora. Con dedos crispados atrapa el proverbial rollo de papel que evita el desastre.
Después se lava las manos, sale del baño y se incorpora disimuladamente a la fiesta.


jueves, 29 de noviembre de 2018

Mi abuelita V



Eran pasadas las cinco y los chicos ya se amontonaban frente a la entrada del carrusel.  

—Está cerrado.— Mentí.

—Pero... está andando, señor. —Reclamó uno de los más grandes—. Veo el techo girar.
—Además se oye la música, don. —Se animó otro, espiando entre las lonas—. Déjenos subir.
—La calesita está rota —, dije algo cortante —la estoy probando, vuelvan más tarde.
Tras la lona, mi abuelita volvía a ser niña por algunos minutos más.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Ant-man

La alarma del celular vibra en mi bolsillo. Apago la cortadora de césped justo antes de arrasar un hormiguero gigante. El hormiguero y el resto del césped pueden esperar. Es hora de ver el épico partido, la gran final. Nada más importante en todo el universo.
 

Mientras enrollo el cable, pienso en las hormigas, ignorantes del poco tiempo que le queda a su mundo, de lo cerca que está la aniquilación y el caos. Puedo imaginarlas haciendo vida normal, sin percatarse de la espada de Damocles que pende sobre su diminuta cabeza. Imagino a una en particular, dejando sus tareas a medias para ver cierto gran partido de algún deporte hormiguil.



lunes, 26 de noviembre de 2018

Cosecha tu siembra

El verano tocaba a su fin en la plantación. Los trabajadores rondaban por la hacienda buscando cualquier ocupación que retrasara el final de su contrato.
El robot capataz comentó al patrón:

—Que suerte fue conseguir cosecheros de cuatro brazos. Trabajan duro, hombres, mujeres y niños por igual y han terminado el trabajo en tiempo récord. Podríamos pagarle el resto del mes y aún quedaría una estupenda ganancia.
—Nada de eso. Han recibido más que suficiente. Dales algunas frutas para el camino y que se larguen antes que llegue el frío.
Y ese pequeño detalle resultó ser un gran error.

Al probar la fruta, se despertó en ellos un instinto primitivo olvidado. Poseídos de una gula incontenible, los insectoides hambrientos se abalanzaron sobre los depósitos frutales.
El hacendado trató en vano de detenerlos. Golpeó a un pequeño que estaba con la mitad del cuerpo metida en un barril de fruta; los demás lo atacaron con sus extremidades aserradas.
En instantes, los pedazos del hacendado regaban el suelo mezclando su sangre verde con el jugo azul de las Fhrizyxukas.

En el asteroide agrícola no quedó nada comestible. Sólo se salvó aquel metálico capataz robot.
El insectoide ahuyentó de su mente aquel recuerdo infantil. Aunque pasaran otros cien años, jamás olvidaría el sabor de esas primeras Fhrizyxukas azules.


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domingo, 25 de noviembre de 2018

Entierro

El arboIito ha muerto,
lo llevan a enterrar,
en un pequeño y lúgubre ataúd,
de carne.
 









sábado, 24 de noviembre de 2018

J3$$3 J4M3$

El sistema de alarma anti-hackeo disparó un aviso a la división Pinkerton de delito informático en Kansas City.
Gracias a un elemento interno “Caballo de Troya”, el virus "Dynamite" había reventado el firewall, abriendo un gran hoyo en la seguridad del banco. Con las direcciones i.p. enmascaradas, los delincuentes ejecutaron ciertos comandos, transfiriendo millones de bitcoins a cinco diferentes bolsas que operan ocultas en la Internet profunda.
No hubo manera de seguir su rastro electrónico a través de un desierto de satélites.






viernes, 23 de noviembre de 2018

Epítetos

De todo lo que me gritó, me quedé con «pichurria» y «gonorrea», más por sonoridad que otra cosa. Y es que los insultos pierden su veneno cuando el insultado ignora su significado por completo. Todo esto pasaba por mi mente mientras veía volar mi ropa desde el balcón y me despedía para siempre de la colombiana.








jueves, 22 de noviembre de 2018

Arcano


El insectoide entró a la nave sin presentaciones.
—Tengo un objeto para el capitán. Si puede pagar el precio, le aseguro que esto completará su colección sobre los terrícolas.
Ya en la sala de exposición de la nave el capitán revisa el pequeño rectángulo plástico con emoción.
—¿Dices que esto contiene pequeños relatos de esa civilización antigua?
— Sí capitán. Les llamaban pergaminos, contienen información digital. Este se intitula "verbatim2Gb" y con la fuente de poder adecuada, puede acceder a sus misteriosas historias ilustradas —y continúa con voz zumbona—¿Esto completará su colección?
El capitán va a sentarse en una especie de trono en el centro de la sala, dentro de una caja transparente, hermética. Adopta una postura heroica y sentencia:
—Mi ADN la completará. Soy el último terrícola.
En un último movimiento activa la suspensión criogénica de la caja.



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martes, 20 de noviembre de 2018

La carrera

Servando lee la última frase de la novela “La carrera” en su gimnasio de Huatabampo:
“El libro se le cayó de las manos. Clemente estaba muerto. Fin.”
Cierra el libro y bosteza de aburrimiento.
En el mismo instante, en una plaza frente al Congreso en Buenos Aires, Clemente cae sin vida junto a un libro que nunca terminará de leer. También se llama “La carrera” pero cuenta la historia de Servando, un chico que atiende un Gimnasio en Huatabampo. El viento juega con las hojas hasta revelar la última frase de la última página.
“El libro se le cayó de las manos. Servando estaba muerto. Fin.”



domingo, 18 de noviembre de 2018

El vecino

Un tío cojonudo. Acariciaba a su perro,
pagaba sus impuestos y cuidaba las flores de su jardín;
pero bajo la trampilla de su sótano se oían golpes y gemidos.











viernes, 16 de noviembre de 2018

La princesita ciega

La princesita llora al borde del estanque.
—Ya no quedan príncipes solteros.
Entre la bruma de sus lágrimas adivina la silueta verde de un sapo.
—No llores princesa —acota el batracio—. Aprende a ser feliz de acuerdo a tus circunstancias. Una vez yo también fui un príncipe y en castigo a mi vanidad, una hechicera me convirtió en sapo. Desde entonces, he aprendido a ser feliz siendo sapo.
La princesa arruga el ceño.
—Eso es conformismo. Deberías buscar la manera de cambiar tu situación.
—Dicen que el beso de una princesa me devolvería a mi forma original pero hace mucho que me olvide de eso.
Entonces la princesa alumbra una idea. Venciendo el asco, se inclina sobre el batracio con los labios fruncidos.
—No lo hagas, princesita, asi ya soy feliz...
Por el lado opuesto del estanque, aparece saltando una sapa y dándole la espalda le mea la vista. Ahora la princesita grita de dolor.
.
—Aprende a vivir con tus circunstancias—dice el sapo mientras desaparece tras su pareja.


Curitiba

Me reconoce de inmediato como a un par y se me acerca.
¿Ese es el Bob Marley? me pregunta señalando mi remera.
Si, ¿ te gusta?
Me gusta más el otro, el John Lennon, pero los dos luchaban por la paz, eso importa declara juiciosa. Hablamos un rato de Marley, Lennon, Bono. Ella recuerda que también estaba Renato Russo...y Cazuza. Cantamos un pedazo de “O Tempo Não Para” medio a los gritos y algunos comienzan a mirarnos raro. Me da un beso y nos despedimos, Ya hable con tu mujer en el “posto” me grita y se va, abriendo un surco entre el gentío que se aleja de ella. 
Es la mujer salmón de Curitiba, la lucha le viene en los genes, por eso no le importa. Ella sabe... y yo también.

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jueves, 15 de noviembre de 2018

Rdodesta Teresita


El insectoide arribó a la nave del Capitán con las manos vacías. No quería molestar pero no sería la primera vez que el habitual comprador de antigüedades rompiera su soledad invitándolo a comer.
Y no se equivocó. El capitán celebró poder departir con alguien más que las máquinas que atendían sus necesidades.
—Llegas a tiempo, camarada. Estaba examinando una pieza fenomenal proveniente del mismísimo planeta Tierra.
El visitante fingió interés.
—Oh, ¿que podría ser tan valioso, Capitán? ¿Algo como ese fantástico juguete en forma de + con un humano clavado en el centro?
—Algo mejor, mi curioso amigo. El cuerpo de un animal original, sin alteración genética alguna.
—¿Puedo verlo?¿Es comestible? —zumbó ansioso.
—Este pequeño alguna vez surcó los cielos terrestres, observa sus pequeñas alitas —exclamó con aires de profesor, sosteniendo en la mano un hipocampo disecado, pegado con silicona a una valva de molusco —. Míralo, ni siquiera tiene patas, se fijaba al exoesqueleto calcáreo mediante segregación pegajosa.
—Es color azul, semejante a las Fhrizyxukas maduras, ¿Que sabor tendrá?
—Jajaja, toma color azul cuando hay clima seco, cuando hay humedad en el ambiente su piel se torna rosada. De esta manera daban importante información a toda la bandada.
—¿Tenía nombre este apetitoso ser volador?
—Claro, bruto —dijo mostrando la inscripción de la base.
«Rdo. de Sta. Teresita.»*
El insectoide suspiró:
—Rdodesta Teresita, eres un tesoro….
La computadora central los interrumpió: ¡Capitán , la cena está servida!



*Santa Teresita, localidad Argentina.



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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Umbr Ella

Ella se fue. Definitivamente, dijo.
Vos te quedaste parado junto a la puerta, jugándote la posibilidad de no volver a verla, solo para darme la última chance de revertir el desastre.
Afuera llueve fuerte. Si te deja, me deja. Si vuelve es por vos, pero también por mí­.
Ahora, los dos esperamos ansiosos el timbre.


lunes, 12 de noviembre de 2018

Prueba y error

—Le añadiré sólo tres gotas, ¿de acuerdo? —preguntó la doctora a su joven ayudante.
El muchacho asintió guiñando un ojo. A ella le falló el pulso y volcó la probeta del material.


Una semana completa les llevó volver a tener todo preparado. Habían superado el paso anterior y estaban cerca de culminar el experimento.
—Creo que hace demasiado calor aquí abajo —comentó la doctora desabrochando la pechera de su guardapolvo.
En ese preciso instante, su ayudante tuvo un repentino acceso de tos que contaminó todas las muestras.


Otra semana entera de cultivos. Esta vez controlaron la temperatura, nada podía fallar.
Cuando finalizaron todo el procedimiento se felicitaron emocionados, se abrazaron, se besaron en ambas mejillas y luego de un instante de duda… sus labios se unieron en un apasionado beso, ante la mirada curiosa de los ratones albinos.
En absoluto estado de excitación, volcaron lo que había sobre la mesa de trabajo y comenzaron a tener sexo allí mismo, de manera torpe y salvaje. Era de madrugada cuando se fundieron en un grito final de placer.
El experimento había vuelto a arruinarse y esta vez no les importó. Ya querían volver a intentarlo.



Mundo Vésre

Aquí, los payasos se maquillan un gesto de sufrimiento permanente y ofrecen su triste número en los velorios, las catástrofes y las ejecuciones. Son personajes aborrecibles de melenas lacias y oscuras.
En contrapartida, se dice que bajo su falsa mueca de dolor, ocultan una profunda y secreta alegría imposible de borrar.

domingo, 11 de noviembre de 2018

El impostor

—”Vine a Comala buscando a mi padre.”, dijo el ricachón al detective.
—¿Y como le hizo pa’ encontrarlo, abuelo?
—Nunca lo encontró. En su lugar, preparó a un bribón del pueblo pa’ que se hiciera pasar por el susodicho.
—¿Y el catrín se lo creyó?
—Ya lo creo que lo hizo, m’ijito, pero no lo quería pa’ reconciliarse, fíjate. Ni bien estuvo a solas con aquel payaso, le pegó un tiro en la frente.
—Híjole abuelo, ¿y cómo terminó la historia?
—El platudo dejó una montaña de billetes y desapareció para siempre en el desierto.
—¿Y qué pasó con el detective?
—Después de eso, dejo las investigaciones y se dedicó al whisky. Andaba de bar en bar, llorando. Decía algo de que su hijo era un asesino. Así es por aquí, m’ijo; lo que viene con el viento, el viento se lo lleva.



Homenaje a México y a Juan Rulfo.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Multiplicación de la estupidez

Miro en el espejo la cara de ese «bueno para nada». No la soporto, la bronca se hace puño y ahora cientos de estúpidos se chupan los nudillos desde el suelo.







jueves, 8 de noviembre de 2018

Extrañas noches

—Entonces, el lunes...
—El lunes soñé con los muchachos del liceo; que se morían todos.
—Por su culpa…
—Es verdad, pero por accidente. Desperté llorando.
— Continúe..
— El martes soñé con mi casero. Él me recriminaba por la muerte de mis amigos. Que los abandoné, me gritaba.
—Y entonces el miércoles...
—Soñé con el trabajo. Mis compañeros susurraban a mis espaldas. Luego entraba un grupo S.W.A.T. y me llevaban detenido. Debe ayudarme doctor. He pasado los últimos dos días bebiendo café para no dormir.
El diván del psiquiatra era tan cómodo...
—Señoría, según los resultados de mi entrevista, el acusado está en pleno uso de sus facultades mentales. No me consta que no haya actuado con premeditación.
—Pero... doctor, usted prometió ayudarme. ¿Es que estoy dormido? ¡No!, que alguien me despierte. ¡Suéltenme!¡No me lleven, es un sueño, noooo!

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Dos girasoles

—¡Hola! Que bueno verlo por aquí. Pensé que quizás no volvería.

—¿Por qué? Dijo que mi encargo estaría para hoy, ¿verdad?.

—Perdone —respondió algo avergonzada —, supongo que me pareció bastante raro que alguien compre dos girasoles. Aquí viene mucha gente y nadie regala flores tan grandes, sin perfume, tan...agrestes..

—Son para una persona muy especial.

—Seguro. ¿Una chica a la que le gustan los girasoles?

—No se si le gustarán, pero quiero enviarle un mensaje. ¿Conoce el idioma de las flores?

—Bueno, he oído de la pasión de las rosas rojas, de la pureza del jazmín...cosas asi.

—Los girasoles significan "solo tengo ojos para ti y te doy mi admiración”. Son ideales para una declaración.

—¡Ah, que mujer afortunada!

—Ojalá ella piense igual.

—¿Planea llevárselos? Son demasiado grandes para andar por la calle con ellos, le convendría nuestro servicio de entrega.

—Gran idea.

—En la caja, le darán una tarjeta donde escribir la dirección.

—Muy bien, si tengo suerte volveré pronto por más flores. Adiós.

Antes de cerrar, el dueño le preguntó:

—¿Conoces al de los girasoles? El idiota anotó la dirección de nuestra florería.




martes, 6 de noviembre de 2018

Vade retro

—Ven aquí hijo mío. Te enseñaré la oración a San Benito para espantar a las malas personas y su perniciosa influencia. —Sus palabras se van apagando a medida que me alejo —: ¡Oh, glorioso San Benit...!








lunes, 5 de noviembre de 2018

Domingo

—Oiga vecino, ¿no debería cortar el césped. ¿Acaso no le da vergüenza?
—¡Cierre el pico, entrometida! —Le contesto fastidioso. Su marido llega con la intención de apaciguarme.
—No le hable así, ¿no se da cuenta que es un buen consejo? Su casa se vería más bonita con el jardín arreglado.
—¿Y a ustedes desde cuando les interesa cómo luzca mi casa? —Pero sé que han ganado la batalla.
Aparto el diario, dejo la cerveza y voy a sacar la podadora ante su mirada satisfecha.
Dos horas después, la pareja de calandrias baja del muro a comer los bichos que brotan del pasto cortado. Ni siquiera me agradecen.