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sábado, 29 de diciembre de 2018

Servicio nocturno

El chofer del colectivo se me queda mirando.

¡No! 

Yo soy el chofer y me miro a mí mismo subiendo al colectivo: «¡Mirá la hora que es y este tarado que no sube!»

Subo apurado y me encuentro de frente con la mirada flamígera de un bebé que va en brazos.

¡No! 

Yo soy ese bebé y siento miedo de caerme y me embriago del aroma del pecho de mamá.

Al medio del colectivo, una mujer va sentada en el piso. Lleva uniforme de una empresa de limpieza y se inclina a un costado para dejarme paso.

¡No! 

Yo soy esa señora con la espalda dolorida y mucho cansancio en el alma.

Cada vez más confundido, llego al último asiento, a sentarme junto a un borracho mal entrazado y bambolenate. El tipo me dedica una mirada acuosa.

¡No! 

Soy yo con la mirada empañada, sintiendo el mareo y la náusea anidando en la boca de mi estómago.

Cierro los ojos aterrado. Mentalmente me prometo dejar de escribir historias en el colectivo.




viernes, 26 de octubre de 2018

Ventura

El precario sueño de viajero se desvanece y me despabilo en algún punto entre Coronel Oviedo y Ciudad del Este. Me despertó la fuerte sensación de ser observado. 

Hay un bebé asomado a mi asiento, me mira serio y su mirada quema como un láser.

¿Quién será en el futuro ese bebé que tan raro me está mirando? ¿Un héroe popular que se volverá legendario o tal vez el próximo sanguinario dictador, o un asesino serial, o el nuevo mesías? Basta, cierro los ojos, me finjo dormido. No puedo evitar el escalofrio que me dan todas y cada una de las posibilidades que habitan en el enigmático brillo de esos ojitos.