lunes, 9 de julio de 2018

A la deriva

Cuando logra reponerse del shock inicial comprende que debe idear la forma de salir de su situación. La calma es su aliada. Si pudiera encontrar un medio de enviar un mensaje, alguien acudiría a rescatarlo.
¡Lo que daría por tener un trozo de papel seco por pequeño que fuera!
Sentado sobre la tabla oye el rugir del agua embravecida que, en lugar de calmarlo, lo apremia. ¿Lo echará alguien en falta? Piensa en su madre...
Así pasa un tiempo que se le hace eterno, infinito, demencial.
Y cuando por fin decide terminar con todo de la peor manera, de la breve abertura surge una mano trémula, anónima, salvadora. Con dedos crispados atrapa el proverbial rollo de papel que evita el desastre.
Después se lava las manos, sale del baño y se incorpora disimuladamente a la fiesta.

2 comentarios:

  1. Je, je, ese giro sí que ha estado bien. Engañas totalmente al lector, yo no me esperaba para nada que acabara así. Me encanta lo de "terminar con todo de la peor manera" Me imagino la escena y me parto de la risa. Muy bueno.

    Pero hay una cosa que me no me termina de convencer: dices que se sienta en "la tabla" como atrapado en el mar queda genial, pero cuando descubrimos que está atrapado en un baño... se entiende a lo que te refieres, pero yo me siento "sobre-engañada"... no hacemos nuestras necesidades en una tabla. Supongo que será algo que habrás pensado mucho, yo he buscado algún sinónimo pero no encuentro nada. Quizás buscar otra comparación...

    De todos modos es una tontería y posiblemente sean manías mías.

    Como siempre ¡un placer leerte!

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    1. Que bueno que digas que te gustó. Es te micro me presentaba muchas dudas. En Argentina se entioende bien lo de la "tabla" como el aro de madera que recubre el inodoro. Tal vez si sea demasiado recargado. Si tengo una mejor idea lo cambiaré. De todas formas queria decirte lo mucho que me sirven tus observaciones. ¡Gracias!

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