viernes, 11 de mayo de 2018

El extraño

La primera vez que vio al extraño fue hace diez años, en la penumbra de una disco. A unos metros, un desconocido de extrañas facciones trataba de decirle algo con gestos.
Dos años después lo vio en el subterráneo y lo ignoró. Desde ese episodio se le apareció más frecuentemente, siempre a la distancia, mezclado con la multitud y urgido por hablarle.
A veces hacía como que no lo veía y otras intentó devolverle los gestos, pero sólo logró llamar la atención del gentío que parecía no verlo.
En los últimos meses fue insoportable. Aparecía todo el tiempo con esa angustiante gestualidad y sus labios sin sonido.
Perdía su cordura. Se estaba volviendo loco.
Veía al sujeto en todas partes. Tenía que remediarlo.
Y como los locos hacen locuras, se clavó un punzón en los ojos.
Llegó al hospital ciego y herido pero muy, muy tranquilo.
Luego de sedantes y curaciones, despertó a sus plácidas tinieblas en la habitación del ala psiquiátrica.
Una voz amable lo recibió:
— Señor Quijano, por suerte, las lesiones que te has causado no han tenido consecuencias graves. Solo has perdido la vista. Y ahora que me oyes, mi querido cieguito, voy por tus oídos.


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