lunes, 1 de octubre de 2018

Encrucijada

Sentado en el cómodo sillón de mi mansión, solo, con un vaso de escocés, repaso mi última novela de misterio. Bostezo, mis ojos se van cerrando (o tal vez se abren), y ahora estoy en penumbras, ya en la cama, oyendo la tormenta castigar el techo de chapas de mi ranchito. Huelo el calentador de kerosén, la abrazo y me dispongo a seguir durmiendo (¿o quizá a despertar?) y de nuevo estoy en mi solitaria mansión, entre el sueño y la vigilia, hojeo las páginas con desinterés. Vuelvo a bostezar. Antes de ceder (o acaso despabilarme), debo decidir cuál es la realidad y cuál es el sueño.
Dudo.

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