jueves, 8 de agosto de 2019

Mamá-luna

Se alejó unos metros del campamento para fumar, necesitaba bajar la excitación del día. En el bosque, alzó la vista al cielo estrellado y ahí estaba ella: redonda, enorme, con las manchas formando ese rostro anhelado.

—Mamá Luna —Susurró feliz.

—Hola, mi pequeñín —le respondió la luna ―. Te extrañé. ¡Qué guapo estás con tu uniforme de Instructor!

Él, entonó el pecho e hizo el saludo scout con el cigarrillo todavía en la mano. La luna continuó:

—Otro año, otro campamento, ¿cuántos vinieron esta vez?

—Veintitrés —contestó para sus adentros —. Son veintitrés niños este año, Mamá Luna.

Soltó una bocanada al cielo.

—Mi nene no debería fumar. ¿Qué es eso que llevas colgando del cinto?

—¿Esto? —Se palpó la cadera —. Es mi cuchillo, Mamá Luna. ¿Te gusta?

La luz lamió la hoja del cuchillo.

—¡Ah, ya eres todo un cazador! ¿Cazarás algo para mami esta noche?

—Sí, Mamá Luna ―dijo subiendo y bajando la cabeza.

—Entonces tráeme veintitrés conejitos.

En su barba se dibujó una sonrisa inocente, apagó el cigarro contra una piedra y regresó sigiloso al campamento dormido.


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