jueves, 15 de agosto de 2019

Amigas para siempre


 ―¡No, Sheila, no iré a ninguna supuesta casa embrujada! 
Mi mejor amiga, siempre enredándome en sus cosas esotéricas.
―¡No temo a los fantasmas, maldita friki! —le respondí—, pero es peligroso quedar con extraños en un lugar así.
Y sin escuchar sus ruegos, continúe:
—No haré el ridículo para unos raritos, no necesito dinero y lo sabes. Adiós.  
A pesar de todo, la noche del viernes estabamos en la vieja casa abandonada ―para eso son las amigas ¿no?― y aún así, no era el lugar más extraño al que la hubiera acompañado.
Sheila cobró por adelantado a los desconocidos y los puso en clima hablándoles de espíritus, ouijas y actividad paranormal mientras yo permanecía escondida, esperando su señal.
Pero la señal nunca llegó y cuando por fin salí, Sheila estaba muerta sobre la mesa, con un puñal clavado en el pecho. 
―Te lo dije, estúpida ―reprendí al cadáver de mi amiga―. Ahora jamás saldremos de aquí.
Su espíritu se levantó miró su cuerpo ensangrentado ción una mueca de asco y dijo sonriéndo:
―Tranquila amiga, siempre quise saber qué se sentía ser como tú.



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