—Si te sientas sobre mí, te inseminaré por la fuerza y no creo que eso vaya a gustarte, fortachón.
Sopesó la idea de contar con esos angelitos vengadores revoloteando a su alrededor hasta entrada la adolescencia, atacando a cualquiera que representara el mínimo peligro. Lo volverían un mercenario mucho más peligroso, podría cobrar una fortuna por sus servicios. Ya no veía la idea de la maternidad tan vergonzosa.
Esperó a que el transporte militar diera un bandazo para caer sentado sobre el asiento vacío.














