Un día encontré la suerte,
en un tugurio de mala muerte.
Y otro día,
viceversa.
Cuando incorporó al espíritu, Clelia, la médium, contrajo el rostro en una mueca imposible. Ahora se movía por el cuarto encorvada como una anciana. Una voz cascada agitó su garganta:
―¡Oh, muchacho—señaló al joven con un dedo retorcido —, una muerte horrible te espera!
Después rió a carcajadas y cayó al suelo convulsionando.
Clelia se recuperó ignorándolo todo. El joven cliente estaba blanco y sollozando le relató el espantoso suceso. Ella bebió un poco de agua y después lo tranquilizó:
―¿Una vieja achacada? —Sonrió condescendiente —. Es el espíritu de la gitana. Tranquilo, nene, esa no pegaba una cuando estaba viva y en el más allá sigue siendo igual de incompetente.
Venía todas las noches a visitarme, cuando yo salía a fumar al balcón. Hace días que fumo solo y rebusco ansioso en los tejados vecinos. Es por eso que no he vuelto a escribir, es por eso que intento concentrarme en asuntos más urgentes, rutinarios, aburridos, pero dejo la ventana abierta por las dudas.
Casi he conseguido olvidarme de ella cuando mi alma acusa un rasguño leve, un ronronear travieso y el cosquilleo de unos bigotes en mi oreja.
¡A escribir, mi inspiración ha vuelto! Igual que una gata caprichosa, siempre aparece cuando dejo de buscarla.
Los dos cerebros artificiales más evolucionados de aquella sociedad confrontaban sofisticados argumentos a fin de definir cuál de ellos debía asumir el poder.
Ante la inesperada paridad de criterios, uno de los androides tomó un palo y destruyó la cabeza de su rival a garrotazos.
Empuñando una pistola en cada mano, Toretto grita:
—¡Esto es Brasil!
Mi niño imita la pose, apunta a la pantalla sus deditos y retruca:
—¡Esto es Arica!
"Yo soy Dios y vos sos el Diablo”, eso repiten los dos desde el principio de los tiempos.
Y procuran la destrucción del otro. En el medio de esa guerra estamos nosotros, los desamparados, las víctimas, los muertos, los que nunca sabremos cuál es cuál.
Dios creó al mundo. ¡Vaya cuento.! Quien haya inventado semejante historia debería ser recordado como “el creador de la creación”. ¿Y a ese ignoto personaje quién lo creó? Su madre, "la creadora del creador de la creación”. ¿Y a ella? Su propia madre. ¿Y a ella.. .?
La cruda nevisca apenas dejaba ver las siluetas crucificadas de los tres misioneros. Más allá, en la aldea esquimal, reinaba el horror, un desenfreno de sexo y violencia inédito en aquel pueblo de pasiones aletargadas por el clima glacial.
Luego de restablecer cierto orden, la expedición investigadora restablecer logró que el concejo de ancianos compareciera ante ellos.
—Solo hacíamos lo necesario para llegar a ese maravilloso lugar del que nos hablaron sus hombres santos —explicó el anciano jefe.
—Estáis muy equivocados, hermanos, el crimen y el pecado no os llevarán al cielo.
—¿Al cielo? No, nosotros queremos ir al otro lugar, al que es caliente.