sábado, 8 de agosto de 2020

El fumar es perjudicial para la salud

Como en el juego de la mancha, huimos corriendo del largo brazo de la peste.
¿Fuí el más lento? Seguramente, porque el virus me alcanzó.

Quince días de aislamiento forzoso, mi condena, según unas reglas que no me atrevo a quebrantar.

Y a las doce de la noche del quinceavo, salgo de la nave carcelera a reencontrarme con la libertad. Amada, imprescindible, peligrosa libertad del canario jaulero, a la deriva en un mundo en el que ya no sabe vivir.

Apenas desplegadas las temblorosas alas, la llovizna me azota la cara. A unos pasos me castigan los gritos de una pelea, ruido de vidrios, un llanto de mujer. Mi piel, adelgazada, semitransparente ya no me protege y al llegar a la esquina, un niño-perro de nadie que revuelve en la basura, me asesta la estocada final.

Atormentado, remonto el cordón umbilical. Regreso al útero, a mi amado síndrome de Estocolmo.

Maldita la hora en que decidí salir a comprar cigarrillos.





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