lunes, 9 de septiembre de 2019

El difícil arte de morir


El mundo postapocalíptico le resultaba insoportable, extrañaba demasiado la antigua sociedad.

Estudiados varios métodos eficaces de suicido, optó por el más discreto. Moriría ahorcado, la decisión estaba tomada.

Subió con el nudo corredizo al cuello y ató firmemente la cuerda a una viga del techo. Meditó su última despedida con ojos cerrados y mandíbulas apretadas y temiendo arrepentirse volcó el banquillo de una patada.

Su cuerpo se bamboleó en la horca unos minutos, después, sus piernas se extendieron hasta el suelo, sus poderosas manos cortaron la soga y se sentó en el banquillo a pensar.

El robot necesitaba otra forma de terminar con su existencia.






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