lunes, 25 de mayo de 2020

Besos en la ruta

Le resultaba gracioso ver su propia imagen gigante en la ruta. Lucía asombrado bajo el slogan de una compañía de seguros, “Cuídese ahora o laméntese luego”.
En otro cartel unos metros delante del suyo, estaba ella, el objeto de su deseo. Con seductora audacia proponía desde el título de su última película, “Atrévete a soñar”.
Ambos aparecían de perfil pero enfrentados.
Al mirar los carteles desde un vehículo en tránsito, un efecto de la perspectiva los iba acercando hasta superponerlos. En un momento exacto y sólo por un instante,  los labios de ambos se unían en un beso imaginario que ponía a divagar sus fantasías.
Sacó el teléfono por la ventanilla y comenzó a filmar mientras manejaba. Ese guiño del universo sería algo que mostrarle algún día a sus nietos. Estaba tan concentrado en capturar el momento exacto, que no hubo pánico, ni siquiera confusión.
Trompa con trompa, metal contra metal, el camión lo embistió de frente y pasó a la eternidad envuelto en ese último beso de amor.



martes, 19 de mayo de 2020

Me habla

Todo el tiempo. ¡A mí, que no le pido nada!

Me fastidia todo el tiempo con sus alardes de poder, sus consejos de sabiondo, sus caminos misteriosos; si ni siquiera le pregunté dónde estaba cuando te fuiste. Parece disfrutar perturbando mi trabajada indiferencia con esa retahíla de milagros. ¡Habiendo tanto chupacirios esperando una señal!

¡¿Por qué no te callas?! le reclamo, como aquel rey de cartón. Pero maldigo solo, pues bien sé yo que no existe.








jueves, 14 de mayo de 2020

Amanece

La voz infantil resuena en la cripta del castillo.
"… danos hoy la sangre nuestra de cada noche, déjanos caer en la tentación, líbranos del bien..."
Todavía flota el amén en el aire cuando su madre le da un beso en la frente y cierra el pequeño ataúd.







jueves, 7 de mayo de 2020

Efecto Monterroso

La primer semana de aislamiento llamó su atención la torre de la basílica, con su ángel dorado. Jamás la había divisado desde la ventana. Pensó que tal vez la atmósfera se estaba recuperando.
Días después le llegaron otras noticias: las aguas de Venecia volvían a ser transparentes y en Australia se había avistado un animal presuntamente extinto.
Justo el día en que la humanidad cumplía un mes encerrada en sus viviendas, lo sorprendió un trino melodioso y espiando tras las persianas, descubrió un cardenal de copete carmesí. Solo los había visto enjaulados, jamás en su jardín.
Luego sobrevino la enfermedad, sin embargo la cuarentena perduraría más allá de su larga convalecencia.
Cuando despertó y se asomó a la ventana, lo invadió la desmesura.
Un dinosaurio cruzaba indiferente la avenida.




martes, 5 de mayo de 2020

Rosario / A quemarropa


—Cómo te gusta —le había dicho Enzo más temprano —, meterte a la villa a enseñarle a esos malandras, ¡y encima la llevás a la nena! Cualquier día te meten un balazo y andá a saber.

Ahora, con el revólver apuntándole no dejaba de pensarlo.

—La guita, vieja, entregála o te quemo. 

Ella lo recordaba, era Rivas, pero del chico sensible que leía poemas, nada había dejado la droga. ¿O si?

—Yo te tuve en tercero, ¿no te acordás? Soy la señorita Marta. Yo te enseñe a leer.

El muchachón la miró y una lucecita alumbró el fondo de sus ojos vidriosos. Marta la vio apagarse.

—¡Que leer ni que mierda, vieja! ¡La guita!

Todo se le vino abajo de golpe. ¿Enzo tenía razón? 

—Tranquilo, no hace falta el revólver, yo te puedo a ayudar.

Su alumno ya no estaba allí.

—¡Me das la guita ahora o la mato a la piba esta! ―gritó manoteando a su hija, que dejó escapar un sollozo.

Muerta de miedo, Marta metió lentamente la mano en su bolso, empuñó, sin sacarla, el arma que guardaba en su interior y apuntó con ella a Rivas.

¡La puta que te parió, Enzo!, pensó al cerrar los ojos y apretar el gatillo.



sábado, 2 de mayo de 2020

Ese instante

¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?
Sentado al borde de la cama, me siento tan indefenso como un recién nacido.
El mareo persiste una fracción de segundo y de inmediato se despierta mi conciencia, empujándome al abismo de la tranquilizadora, cruel realidad.












miércoles, 29 de abril de 2020

Beneficios de la lectura

El bosque se estremeció con un grito de terror.
Caperucita cortaba flores para llevar a su abuelita cuando encontró, entre los arbustos, una camisa escocesa ensangrentada y un hacha con marcas de dientes.
Cuando la mujer del leñador reconoció las prendas de su marido, una partida armada se encaminó al cubil del lobo.
Encontraron la guarida abandonada. Sobre la mesilla de noche, reposaban el carné de la biblioteca y un libro de cuentos infantiles.





lunes, 27 de abril de 2020

La adrenalina

―Es como vivir en una telenovela. Hoy estoy en la gloria y mañana todo me parece insoportable. Lo quiero, lo extraño, pero también me aburre. Le tengo celos y me gustan otros hombres ¿Serán las hormonas o es que estoy volviéndome loca?

—Tranquilícese, señora. Según esto —contestó el doctor señalando los exámenes —, usted tiene gastados algunos engranajes del corazón. En esta sección todo va perfecto, pero cuando llega a la parte dañada… ¡zas!, los dientes patinan y su corazón se descontrola. Una sencilla intervención quirúrgica y podrá llevar una vida de lo más normal. ¿Para cuando la programamos?

―Humm… ¿Sabe, doctor? , mejor déjeme así.

lunes, 20 de abril de 2020

Hablando de amor

La mesa de un bar, curioso lugar para encontrar la iluminación.
Una epifanía, la revelación repentina que me muestra la totalidad de un tema particular, un aspecto crucial de la condición humana: el amor.
Si cierro los ojos es para saborear el concepto, porque en este lugar corriente y en este momento cualquiera, yo pude vislumbrar el sentido completo de su esencia.
Que el amor no nace en los enamorados. Que en secreto, cada uno de nosotros cultiva un amor ideal, inquieto, sediento de hallar su destino. Una fuerza demoledora que nos arroja al mundo buscando a ciegas, intentando descubrir a ese otro amor que combine a la perfección con el nuestro.
Aventura difícil, equívoca, casi imposible; pero en rarísimas ocasiones, el milagro sucede y dos amores perfectos coinciden como por azar.
Como si entre los enamorados apareciera la figura de un ángel que les sopla al oído el secreto del amor y se va.
Yo sentí ese beso ardoroso del ángel pregonero del amor, lo sentí aquí y ahora en la mesa de este bar y estoy seguro que vos también lo has sentido.
Por eso quiero decirte desde el alma que sos vos y solo vos…

Con un toque en el hombro el mozo me hace abrir los ojos a la realidad.
―Maestro, la chica que estaba sentada acá con usted se fue hace unos minutos.



viernes, 17 de abril de 2020

Miedos y miedos

En una chiquilinada, el muchacho esperó frente al espejo oscuro.
Justo a la medianoche, encendió una vela.
En el espejo, apareció un rostro decrépito, viejo y arrugado. Era su yo del futuro.
En muchacho se llevó un gran susto al ver en que se convertiría, pero el viejo del espejo… ese viejo se asustó mucho más.






miércoles, 15 de abril de 2020

Tabú

Hoy llamé por teléfono a mi madre.
Hablamos de las próximas vacaciones, de las orquídeas, de la receta del budín de zanahorias.
Agotados esos temas, caímos en un silencio ominoso.
Mamá nos sacó del bache hablando del dentista y luego, de lo tardía de mi dentición.
Yo seguí con lo de los hijos y lo difícil que resulta criarlos y ella sumó de cómo uno los extraña cuando se van de casa.
El segundo silencio fue más peligroso, una tentadora incitación. 
Abrí la boca y volví a cerrarla.
Cuando no pudimos resistirlo más, cortamos al mismo tiempo, sin despedirnos.
Fue una sensación liberadora haber logrado evitar el tema del momento.

domingo, 12 de abril de 2020

Coronapesto (receta)

De nueces hicieron algunas cortezas de pan duro, una sartén aportó aceite usado, las hojas de albahaca fueron de hierbabuena y el ajo llegó en polvo...
Lo mejor fue la imaginaria lluvia de parmesano pues la imaginación es el supermercado mejor surtido del mundo.

jueves, 9 de abril de 2020

Beba vive

Hace años que la familia completa no se reunía en la casa de la abuela Beba.
Aunque, claro, acabamos de enterrarla. 

Parece mentira, “la Beba” ya no está, se nos fue.

¿Seguro?

María despeina los rulos de su sobrina, tan negros como los de la abuela. Ella deja aflorar la misma sonrisa ladeada de Beba.

Rubén nos llama a comer golpeando la olla de la abuela y Luis, sirve los fideos con la zurda, como la Beba. El colmo es su hijita, que poniendo los puños en la cintura imita la pose de la abuela.

Ya están todos sentados, me toca proponer el brindis:
—¡Por la familia, como decía la Beba!

Entonces, un colibrí aparece; pequeño y vibrante. Gira zumbando en el aire, como mirándonos uno por uno. Después zigzaguea entre los vasos alzados y se suspende un instante sobre la única silla vacía. Luego se marcha a custodiar los geranios del patio. 

Los preferidos de la abuela Beba.





martes, 7 de abril de 2020

Empacho de posverdad

—Subite la ropa y ponete el celular contra el ombligo, Pablito ―El hombre sonrió a la anciana al otro lado de la pantalla. Le hacía gracia que para ella todavía fuera "Pablito" ―. Contame, ¿qué comiste para agarrarte semejante empacho?

Doña Elena era una mujer de muchos recursos, no había cuarentena que pudiera con ella. ¿La última? Había fijado con cinta adhesiva un centímetro de modista al celular y curaba el empacho vía Whatsapp.

—Anoche no comí nada ―contestó Pablo ―, me quedé dormido en el sofá.

Doña Elena recitaba la oración entre dientes, midiendo la distancia con los codos. Su voz aumentaba a medida que se acercaba al micrófono. A Pablo le hacía cosquillas en la busarda peluda.

—Uy, ¿te quedó la tele prendida?

—Sí, estaba viendo las noticias y me quedé dormido.

—Ajá ―dijo Doña Elena ―. Ya estamos.

Pablo subió el celular y en la pantalla empañada apareció la cara arrugada de Doña Elena .

—Tenés que llamarme mañana y pasado mañana, así te curás. Y apagá la tele, Pablito, que las noticias también empachan.


lunes, 6 de abril de 2020

Alivio


El carrilero desborda y tira el centro. El delantero salta más alto y cabecea, parece que se va, suspenso…
Al final, la pelota choca contra un palo y se mete.
―¡Goooool! ―gritamos en la tribuna y nos abrazamos con cualquier desconocido.
Y lloramos, como en una catarsis. 
El tiempo parece detenido.
El desahogo crece, se contagia a la parcialidad rival.
Ahora todos festejamos el fin de la pesadilla, el comienzo de algo nuevo.
El resultado ya no importa a nadie, el partido no continuará.
Primero hay que curarse del horror, el aislamiento, la muerte.
Descargar el miedo y abrazar la esperanza.
Es el primer gol después de la peste.