miércoles, 19 de enero de 2022

Futuro imperfecto

En plena madrugada, unos gritos escandalizaron al puñadito de chozas de lata.
—¡Mamá! ¡La señal! ¡La señal, mamaaá! 

Ella, sobresaltada y medio dormida, parpadeó primero el número de la compañía de internet, luego su usuario y su código de crédito.

El servicio fue restablecido de inmediato. Los ojos del niño volvieron a ponerse en blanco y su cara recuperó el gesto apacible.









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